lunes, 31 de octubre de 2011

El otro



El Otro me rebasa tres cuartos de cabeza;
para sus pupilas, izadas como nubes,
soy invisible; para él 
alcanzo a ser lo sumo una intuición,
un movimiento que ni le repercute,
el zumbido ligero de una presencia imprecisa
o un aleteo nervioso,
acaso un estertor.

No me interpongo entre sus ojos y la luz

ni recorto la línea púrpura que forma su horizonte.

Estoy cerca del Otro, soy un aroma,

un tacto intangible, un gas del aire,
el cilio de una célula prendido a una cuchilla.

Al respirar inspira sobre mí,

me despeina el rozamiento del oxígeno contra el cuero cabelludo;
luego, después de que su sangre satisfecha
difunda a sus alveolos impertinentes toxinas,
desechos polizones,
me asumo y lo respiro y solo entonces
me vuelvo parte suya
entre sonrisas.





© Ramón Ataz2011

viernes, 28 de octubre de 2011

Mi lánguida ciudad.

 A una Murcia que también es mía


Cuando te sobrevuele, mi lánguida ciudad,
libre de alas;
cuando confunda tus picos y tus pozos
o al trazar límites,
bajo las nubes y las sombras que te cubran
te entrevea;
cuando a tus relieves,
libres de fuselajes, mis ojos alejados
los aplanen y extensas retículas en un lienzo
me parezcan, mi lánguida ciudad,
serás la madre
de aquellos que hoy susurran tu nombre
y se sumergen en tu vientre, océano fósil,
como anfibios
aferrados a unas branquias ya perdidas.





© Ramón Ataz2011

martes, 25 de octubre de 2011

333 (poema semiarromanzado)



A Miguel Angel Alcaraz



Desde mi velador contemplo una fachada.
Entre los penumbrosos desconchados
destaca la mitad de un anticristo,
la partición exacta de un infierno,
un hemisferio de ángeles caídos.

-Visítalo- me digo- el negro número
es una semibestia hospitalaria;
te dará de beber, también comida,
y podrás hallar quizá un mullido lecho
donde tu cuerpo se desprenda de fatigas- 

 
¿Qué temen los otros rostros? ¿por qué pierden
su brillo los ojos que lo encuentran?
¿en dónde se escondieron los nativos
de nuestro avejentado edén? ¿no existe
compasión para este trozo de diablo que ha nacido?

Huele a café, el viento se recoge.
La gente se ha encerrado en sus rendijas.  

Solo yo, mudo, bifronte,
sigo observando la fachada oscurecida
donde nació una sombra a medio hacer,
una fracción de el Averno en una esquina.





© Ramón Ataz2011

domingo, 23 de octubre de 2011

La vida, entreacto entre dos muertes

Al agua, su envoltorio, su materia,
la deshacen,
igual que a mí la carne me diluye
en medio de un efímero descanso
entre dos muertes:
el mar que concibió mi nacimiento,
la hierba que camufla mi salida.

Son risas, sí, hay risas en la plaza
rebosante
de niños contrahechos, sin vestidos
ni piel,
ajustados al mísero vivir
de sus mayores.

Y animales al borde del refugio,
y árboles impresos en el suelo.

Los veo salir del ámbito del sol,
como luces guiadas
por la atracción de una sombra en la arena,
promesa de lluvia,
y un dulce diluirse en el olvido
para siempre.

Coplas del alma



No sé si de la persona
sobrevive algún aliento
tras la muerte;
si alguna esencia abandona
al cuerpo que sin sustento
yace inerte.

Pues si el alma es la presunta

promesa de trascendencia
que tenemos,
cualquier deudo se pregunta
por qué tan valiosa herencia
la perdemos.

Por qué si ser inmortal

es el sino con que el Cielo
nos alienta,
al acercarse al umbral
de la muerte el desconsuelo
se acrecienta.

Podéis juzgar mal ejemplo

que el morir dé beneficios
pecuniarios,
a aquellos que desde el templo
al alma hicieron oficios
funerarios.

Pues también los religiosos,

sacerdotes, monjas, curas
y prelados,
acometen temerosos
su ascensión a las Alturas,
descarnados.

Yo que nunca he descubierto

espíritus o difuntos
redivivos,
cómo voy a dar por cierto
ese río de trasuntos
fugitivos.

Corre la vida sin freno,

sin reposo ni descanso
ni posada,
hasta llegar al sereno
morir, eterno remanso
de la nada.

Que nadie me dé la llave

para la oscura caverna
de la Gloria;
que cuando por fin me acabe
solo llegue a ser eterna
mi memoria.






© Ramón Ataz2011

martes, 18 de octubre de 2011

Breve


Breve, el arco de palabras que poseo, como breve
es el trozo de calzada que domino desde casa.

Tales son las causas de que acuse cansancio lo que escribo,
lo ya escrito, lo que surja cualquier día,
o de que la palabra tumba se me enrede entre los dientes
(creo que hay exceso de muerte en mi cerebro)

Tales son también los dos motivos
de que mi espectro de colores sea tan pobre:

el gris, el azul.

El primero, no lo niego, es el gris de los ojos de mi madre.

El azul, era el color inexplicable
del susurro
de una amapola ebria, o quizá joven.

En esas pocas palabras,
en esa imagen rica y gastada
a la que ya presté tanto tiempo vasallaje,
cualquier estremecimiento muere como nace, 

en un destello.  





© Ramón Ataz2011

jueves, 13 de octubre de 2011

Ya no soy tan joven

.


Ya no soy tan joven para regar mi tristeza
con palabras tristes. Ahora están amarradas
a lo que haya escrito y yo, anquilosado
(te gustaba, ¿verdad?), embrutecido,
esclavo de diccionarios y nuevas de evangelio.

Ahora mi tristeza es ceniza y no angustia,
mis versos, remedos de confusa cultura
también embrutecida.

Ya no está en mis dominios ahogarme a cada instante
ni en mi mano añorar el aire ajeno.

Ya no hay más que un paraíso
también embrutecido en el que sentarme
a observar a un dios que olvidó
quemar incienso en su rostro de fuego.
 




© Ramón Ataz2011

lunes, 10 de octubre de 2011

La esperanza es una imagen borrosa

En el lugar de los ojos el mar;
en su reflejo
una danza de peces; al fondo el horizonte,  
luego un abismo; tras él
no hay nada.

Nuestros antepasados habían dado por supuesta
la fundación de su Arcadia en nuestro tiempo.
Hoy sus tumbas supuran desengaño,
verde aflicción, alfombras tristes.

No vuelvas tú por lo tanto a suplicar,
porque el tiempo de los ruegos ha pasado
igual que una nevada sobre esta tierra caliente,
blanca promesa deshecha al posarse en el suelo.

Hoy no.

Tú ya conoces lo que mi piel oculta.
Me ves caminar, un perro al lado,
y no puedes distinguir a ciencia cierta
cuál de los dos se detiene a respirar
y cuál yace recostado e imagina
un descosido en el aire; tras él
el mundo.




© Ramón Ataz2011

sábado, 8 de octubre de 2011

La tierra duerme



La tierra duerme. Yo, despierto,
soy su cabeza única.
                           Juan Ramón Jimenez.


En la distancia los cuerpos
se yerguen como columnas de un pórtico;
a veces se deslizan
con la cautela dulce que alienta a los licántropos.

Dentro de mí, un dios modela
las sombras y las luces
poniéndose y quitándose unas gafas de sol.

Apenas sobreviven los unos sin el otro.
Son sin él fantasmas pálidos que vagan sin sentido
a la espera
del diario despertar de quien los piense.





© Ramón Ataz2011

miércoles, 5 de octubre de 2011

Madrugada



Un instante, que aparte el polvo,
abra un hueco entre la gente y,
amparados también hoy por la Luna,
retengan mis ojos algo visible.






© Ramón Ataz2011

domingo, 2 de octubre de 2011

Del sueño y del amor

Como si por aguardarte inquieto hubieras de girarte más deprisa,
me tienes aquí apostado, espalda contra lecho, en tu espera.

Así tuviste siempre al sacerdote de tus versos,
si no en casa, mudado al amparo de los árboles de siempre,
como si por aquello tu presencia se alargara
tras tus horas,
ese breve espacio del tiempo que le dieras.

Abandona tu silencio guardaespaldas,
vuelve a las voces y escucha:

Aún habrá madera o hierba que te adore,
a pesar de que mi cama trepadora se te escape de impaciencia
y duerma al fin y al despertar, estés delante.




© Ramón Ataz2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

Domesticados (Meditaciones al borde de un café)


Los que hoy cansados recuperan el vigor
y aplacan el dolor del alma con el ungüento seco de la riqueza,
ordenan sus cabellos con las púas de erizos derrotados,
mientras se calzan,
para eludir tactos incómodos en sus prensiles pies,
gruesas botas de montar.

Los que rindieron la violencia inútil de las fieras
dejándolas dormir en sus alfombras,
hoy suprimen puertas y colmatan fosos.

Hoy las ballenas engañan a Jonás
al amueblar sus vientres hogareños
de renta limitada.

Los caníbales son ahora la fragancia de sus presas
orgullosas, suaves, dulces, digestivas.

El toro del sacrificio sostiene el hacha

domingo, 25 de septiembre de 2011

Intravagancia


I

Yo alumbro la lluvia, yo
lucho por tersar los pétalos
de una flor ajada.

Viene a mí el tenebroso rugir de la fiesta,
el despertar lúgubre de la alegría distante.
Y los rostros de los muertos,
esos gestos faciales de paciencia infinita,
de ya nunca, ya nunca.

No siempre, lo sé, pero así es la búsqueda,
la del verso roto y el sueño sediento.
Aguardar a un hombre que quizás me habite,
y quizás no encuentre.

II

Tengo los ojos, Dios, en ti clavados.
Son los ojos de un cadáver
ahora perplejo
ante el vulgar vacío que se abre a su muerte.

III

Treinta años me alejan de ti.
A mis palmas vueltas,
a los pliegues húmedos de mis manos anchas,
a estos dedos extendidos,
insertos en el aire,
no les cae más que un desfile de días,
un batir de jornadas de sincera ausencia,
legadas por aquellos que engendraron un cuerpo
tan parecido a mí
y tan vacío.





© Ramón Ataz2011

Los ojos cerrados


Estos ojos, aún cerrados,
no añoran perfiles azules
ni extrañan la curvatura cambiante de la luna.
No se abrirán para cazar en vuelo a las aves que no saben nombrar.

Estos ojos seguirán hasta mi muerte muertos.


Menos que muertos, nonatos,

como el quizá de aquel chico
que no volvió de pronto a casa alguna noche.
Ninguna noche.

Su casa no añora los perfiles azules

ni extraña el cuerno de la luna,
pero acoge a cualquier ave y a su vuelo declinante
si cansada se posa en sus tejados silenciosos.


© Ramón Ataz2011

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Peligras, Luna, peligras

Peligras, Luna, peligras
si, cediendo a mi deseo, me permites retratarte.

Has sellado una noche completa
y luego de irte, al abandonarme el sueño,
hallé versos indignos que harán de ti una fábula.

Te trocarán en leyenda si una noche me rozas
o te pliegas a mi ruego y soy yo el que mide tu tamaño.

Si no te resistes y me escoges de entre todos
como capaz de poner alma a las mareas,
malograrás miles de años de divina indiferencia.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Una sola ventana iluminada


No, no será la luz de mi ventana

una constelación sin punto de partida, 

 
una estrella extraviada 


sin más medio de expresar su aturdimiento 


que un parpadeo fugaz. 



Porque ese resplandor te impide verme 


en este sentarse interminable, 


en esta flexión sin resistencia. 



Mis pasos son oscuros, 


cubren losas y losas sin desplazar mi cuerpo. 


Vivo adherido a paredes que escupen el sol. 



¿De dónde surge entonces el faro blanco, 


la Anunciación sin ángel de mi fachada? 



No, no dejaré a ese brillo 


envolver a mi muerte con vida muerta. 






© Ramón Ataz2011

viernes, 9 de septiembre de 2011

Un parque urbano

A mí se me veía
sobre fatigas verdes dejadas por ancianos
en los asientos, debajo de humaredas,
asido al Sol,
al cabo de un bolígrafo.

La tristeza incrustaba mi sombra entre la grava.


A mí se me sentía

en el sonido extinto del arroyo;
los niños me rozaban apenas por descuido
al pasar junto a la anchura de un árbol solitario,
bajo su copa insolente,
ciudad de aves.





© Ramón Ataz2011

domingo, 4 de septiembre de 2011

Murmullo

Pronúnciame,
aliento solo,
ligereza de labios entornados
donde se posa el sonido que me forma.

Escondámonos en tus labios candeales:

hoy un chiquillo oyó la voz cascada
de su dios, sentado en un lagar,
poderosa encarnación de los alcohólicos.

En su hambre hay deseos concentrados,
Inquietudes uniformes, yerma espera.
Lame la cosecha del terror
vencidas cornucopias.

Pintores mediocres esconden sus pinceles
en las arrugas de la vieja patria.
¿Quién ha suprimido la espalda de las calles,
en qué momento la bola ha alcanzado el borde hasta el que rueda?

Hoy la muerte reparte golosinas;

temamos, Lesbia, y huyamos en silencio,
dejemos que otros sean el núcleo de la historia
para poder tú y yo ser dueños del murmullo.




© Ramón Ataz2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

Licántropo


Cuando entrega su rostro por la mañana
al hambriento despertar del edificio
hay que ver cómo olvida sus imágenes de luna
y cómo siente haber dormido.

Es de noche otra vez.

Sin perros ni majadas
pero es de noche.

Sin tormenta ni oraciones
pero es de noche.

Cuando vuelve a cuatro patas, iluminado,
con la conciencia del lobo en la hecatombe,
está sucio de bosque.

No hay ciudad esa noche
y es un lobo.

Sin tormenta otra vez
pero es un lobo.











© Ramón Ataz2011

domingo, 14 de agosto de 2011

El hombre del perro y de la niña

.

Yo soy el hombre del perro y de la niña,
un crucifijo de carne que pasea
exhibiendo unos labios ensanchados
entreabiertos, blanquecinos.

Globo aerostático que no puede elevarse,
semoviente arrastrado por impulsos,
el de las uñas cortas y limadas.

Husmeo, huelo el aire, identifico
un fuerte aroma a colonia de neumático.

Contemplo, miro, estudio a un hombre péndulo
al que transportan por el parque sus muletas.

El humo que desplazan mis zapatos
se adhiere a los mendigos que se unen
para buscar en mi ropa enseres viejos.

Persigo las baldosas peregrinas
despojado,
envuelto en párpados,

ataviado con sonidos y collares.

Piso algunos escondites
entre arbustos que atesoran
vino envasado en algún bidón advenedizo;
el alcohol humedece las raíces
que como zombies se escapan de la tierra.

La luz regresa, vuelvo intacto,
nazareno,
persuadido
de que no podrán jamás brillar las lámparas
en la línea que separa a mis ojos de la noche.



Ramón Ataz2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Vidrio




Tras cada paso muero y luego avanzo un paso.
Entre pasos y muertes, la cuerda y la fatiga
se enredan en mis piernas, me frenan y me arrastran.

Sin más, estallar.
Persigo el destino de lo frágil
porque no puedo consumir más porciones del alma.

Como el vidrio esparcirme en cientos de fragmentos,
ser minúscula trampa que acecha en las alfombras
y recibe caricias de sus nudos de lana.

Quebrado y transparente,
memoria de los otros,
mi propio olvido.





© Ramón Ataz2011

sábado, 6 de agosto de 2011

Sombras chinescas

Siempre me he sentado al borde del no existir.

Ni construyo puzles ni edifico templos,
no creo que sea importante el que las piezas
den un rodeo,
o atajen por donde sabe la humedad a calabozo.

Pero quién soy yo para saber de la importancia
cuando apenas sostengo mi mentira.

He vadeado la frontera de los días,
la noche cala en mí, prejuzgo al Sol,
que a diario me pone al descubierto

y en lugar de ladrar dejo suspiros,
engaños del aliento,
sobre la mesa que me nutre y neutraliza.

Yo me declaro aquí mendaz y hambriento,
la falsedad y el miedo me son propios,

pero éste es un forzoso amante
de lengua áspera,
un proxeneta que me desnuda

y exhibe ante vosotros,
como a una sombra chinesca.





© Ramón Ataz2011

jueves, 4 de agosto de 2011

Ciudadela

A mi hija Elvira


Porque ya sabes que el viento
es la excusa que ponen los ratones,
y ellos el disfraz que usamos
al apagar las luces.

Porque hoy hay ventanas en tu cuarto
que solo transparentan desde fuera,
paredes transformadas en adarves
invisibles por la niebla que te envuelve,

no me pidas ternura, no a mí,
ni ensayes tus muecas para embaucarme.

Más bien descompón los huesos
para inyectar su calcio a la invisible inercia que
-aún no lo sabes-
te conduce.

Y cuando de noche, dormida y vulnerable,
la puerta indiscreta resbale y te revele,
no dejes que mis ojos, anclados a tu sueño,
te despierten.




&Ramón Ataz2011

domingo, 31 de julio de 2011

Anomia



Sin ritmos, ceremonias, rituales,
me he quitado el reloj
-así de simple-
para desconocer la cuenta de minutos
que he de dormir en brazos de la anomia.

Sin metros ni controles, dharmas, leyes,

he encendido un cigarro
-así de fácil-
para ver cómo respiro todavía
y asombrarme por la falta de razones.

Sin normas, cortesías, reglamentos,

me he estado rascando el pie
-así de limpio-
para mostrar que el precedente religioso
se encuentra en Buda, Cristo, Shinto y Abraham.







© Ramón Ataz

miércoles, 27 de julio de 2011

La vigilia de las noches claras


Hay cierta dulzura en la vigilia de las noches claras,
la mecedora del mar y la luna en cuclillas
y hundirse hacia la red que tejen las neuronas.

Hay cierta melosidad en todo ello.


Se inflama como espuma

la tos distante de los alérgicos,
sometidos a la paz y a la aventura de trenzas.

Los peces canturrean (o son plegarias)

mientras yo, como un clérigo asomado al vacío,
os administro el sueño.

Ya sé que este rosario de densos minutos

quiere abrirle úlceras a mi espalda vuelta,
pero esa nada,
el rozamiento pertinaz de la negrura,
rebosa agua, como un fruto madurado varias veces.

Volved pues al vaivén de los pulmones,

a la gravitación y a los pies en equis y a los codos puestos
a explorar sombras en la almohada.

Yo os miraré de lejos

y sonaré como la rompiente suave
de un mar dormido.





© Ramón Ataz2011

domingo, 24 de julio de 2011

Aconteció el silencio



Aconteció el silencio. 

 
La quietud secó el agua de tus hombros. 

 
Nos observó ese color advenedizo 

 
que se empeña en ser tu piel 

 
y aprovecha tus descuidos o tus sueños 

 
para envolverte.






© Ramón Ataz2011

jueves, 21 de julio de 2011

Lo que tu piel conoce

Lo que tu piel conoce de mi boca,
catecismo de lengua y de saliva,
es el dogma veraz que me objetiva,
el credo que te afirma y que te invoca.

Conoce de ella que es arena y roca
a la vez permanente y evasiva
o la sábana santa y adhesiva
que se extiende, te cubre y te provoca.

Producto de penumbras y de años,
lo acumulado en ella es el acervo
que recoge tu piel y que transmite

a la nación de amantes ermitaños
que fundaron la atmósfera y el verbo
en la tierra del íntimo escondite.





© Ramón Ataz2011

lunes, 18 de julio de 2011

La línea que nace en mis ojos

Por más que nazca en mí
una línea recta de carne o de despojos
-lo que no consumieron los pájaros hambrientos-
por más que luego muera en depósitos de magma
- sopa primordial de los diamantes-
llegue hasta donde llegue,
venga de donde venga,
no habrá más sed, o si la hay
no habrá más agua.

No una vez florecidos los tabúes,
no después de que sembrara Dios sus naipes
en el cráter donde hiberno, me escondo y envejezco.

Sí, fueron mis ojos como hordas de vándalos,
inquietos hocicos;
pero hoy meto los dedos en dos cuencas vacías
sin bastones,

sin grietas.





© Ramón Ataz2011

viernes, 15 de julio de 2011

Modos de afrontar el dolor de los otros

A Douglas Sirk, que me mostró que el sufrimiento por el dolor ajeno dura justo hasta que se encienden las luces de la sala y que, en el fondo, ese sufrimiento produce un perverso placer.


I - Sombrío
 

Mi rostro debería quedar ensombrecido,
estar quieto mi cuerpo,
labrar en una esquina algún rincón umbroso
en el que prosperasen bacterias y humedades.

Así debería ser:

sentir en mi barbilla el frío del terrazo
y en las piernas el plomo de mi cuerpo.

Las lágrimas tuvieron su momento,
no sé que puso fin a los temblores
ahora disipados; 
quizás se convirtieron en hormigas.

II- Taciturno.

Mi boca debería cerrarse para siempre
estrecharse mi garganta,
paralizarse mi lengua,
cercar mis dentadura las palabras.
 
Acaso debería petrificarme,
dejar sobre mi cara un gesto fósil
que fuera el testamento de la angustia.

Tendría que ser mi voz sonido en el recuerdo
hasta que se extinguiera también de la memoria.
¿Cómo podré si no llamarme humano?

Los dedos serán rígidos
en ellos marcarán muescas mis versos,
el placer será solo desahogo,
una parada en el largo desconsuelo.

III- Resolutivo.

¿Y por qué no levantarme y desplazarme
y eliminar las causas, y exaltarme
y viajar por todo el mundo, y convencerlos,
y empuñar un arma o una Biblia?

¿Y por qué no liberarme de la culpa,
y ser la solución, por qué no irme
a la fuente de la sombra y del silencio?

IV- Acción de gracias
 
Pero doy gracias
a la trampa de plata,
a la celda de helechos,
a la ansiedad y al tratamiento interminable.







© Ramón Ataz2011

miércoles, 13 de julio de 2011

Divinidad


Aún espero encontrar en algún sitio
mi atávica porción de alma divina,
ya que mi rostro es vulgar y mi carne
es de carne, mi cabello mortal y mi voz
una mezcla de aire y vibraciones.

Aún espero mi parte en el reparto
de semejanza y de imagen de los dioses. 

 
Porque lo único que tengo de divino es la impaciencia
y no sé si es fracción del poder o frontera.








© Ramón Ataz2011

jueves, 7 de julio de 2011

Passer



De la vida no puedo robar ni un solo aroma.

Hay perros apostados en la puerta de mis ojos.

El dobladillo de mi abrigo esconde un gorrión muerto

y ni siquiera

confío en recordar

mañana su calor.






© Ramón Ataz2011

domingo, 3 de julio de 2011

A un mal poeta que igual podría ser yo

.



Luego vendrá Dafne repartiendo laurel,
 

entre tanto, no malgastes tu oratoria
 

con palabras asidas de la tilde.
 

Esconde mejor tus versos 

recortados por el filo

de aquella ironía antigua que,

en otro tiempo,
 

guió a las letras que ligaste el primer día

creyéndola tuya.
 


Ella te dejó,
 

lobo que crees reflejarte en la Luna.



© Ramón Ataz2011

martes, 28 de junio de 2011

Dos apellidos

Dos apellidos ayunan.

El uno por el otro
crean un hombre.

El uno por el otro
estiran sus miembros,
lo hacen delirar,
le arrancan de los ojos
cada imagen impresa
cada afán, cada pedazo
de tierra sin sembrar.

El uno por el otro
- a ver cuál de los dos gana en peso-
extienden sábanas, cubiertas
por mantos de colores irritantes.

El uno ayuna,
el otro vela,
el uno por el otro matan
y vigilantes del muerto
velan, ayunan.





© Ramón Ataz2011

sábado, 25 de junio de 2011

La filosofía del impulso

Es hora de abrir ventanas
a los aromas y a las luces nuevos,
a los distantes rumores de otros ruidos.

Quise formar parte de alguna trinchera,
nutrirme de los huesos que amontonan
las catacumbas frías de mi espíritu.

Busqué cincelarme en los bloques de mármol
a fin de ser solo la forma de un hombre
-no un hombre-
acaso inmortal, acaso inerte.

Subsistí en sillones de cemento
apenas acolchados,
en los que amar o comer era posible;
y pude allí cumplir diversas vidas,
-iguales todas ellas entre sí, todas amnésicas-

 donde mis pensamientos caían como gotas
de un grifo mal cerrado, tozudos desperdicios
abriéndose camino hacia el subsuelo.

Pero siempre hubo un viento sin atar,
una corriente fuerte y arbitraria
transportándome hacia su propia incertidumbre.
Y confieso que ese cuerpo en desorden,
el cabello de pronto ensortijado,
los párpados a punto de cerrarse,
los elásticos labios de payaso,
eran los míos.

Así que puede ser que el fin de todo sea el impulso,
que un cierto instinto proclive a no alcanzar el horizonte
sea lo que excita a los músculos dormidos
y explica la razón de unas manos (las mías) en un alféizar,
y los nuevos aromas y las luces nuevas

y los dulces rumores de unos ruidos distantes.




© Ramón Ataz2011

viernes, 24 de junio de 2011

Inspiración (Epigrama)



Dices que la misma firma que rubrica

palabras ajenas, no puede enguirnaldar

tus poemas de mi mano extraídos.





© Ramón Ataz2011

miércoles, 22 de junio de 2011

He pedido un instante a una señora celosa

 .


He pedido un instante a una señora celosa.

Atiborrada como está de mis palabras
no es humano que me niegue algo tan simple
como el pedazo de segundo que he rogado.

Este es mi logro:

volver la cara para seguir admirándola,
ser pantalla que fabrique su sombra.

No puedo despegarme de su luz
si soy embudo y soy linterna
y hasta mis huesos se han calado de su brillo.

Emborrachada como está de mis palabras
sabrá al fin que soy grosero
imitador de su talento.

Este es mi logro:

fin de un día, comienzo de su círculo,
chorro de agua que sube a mi garganta.





© Ramón Ataz2011

lunes, 20 de junio de 2011

Una imagen lúgubre

Cómo deseo sacar de mis dientes una imagen lúgubre
masticada, urdida en mi noctuario
de perros rabiosos, madrugada insoportable.

Y que ese llanto refleje mi vida mentira de gentes,
que diluya la sangre restregada en las ventanas.

Cómo deseo derramar de mis dedos, Viento, tu sonrisa,
contradecir con ella la cojera de sus voces,
voces que calientan las orejas con su bálsamo de piedra.

Siento gritos negros tras silencios homicidas,
pero a ti, Viento encendido, sí te quiero.








© Ramón Ataz2011

lunes, 6 de junio de 2011

Tectónica de pieles


-Dios,
que el verbo me ignore-

Ya me busco en palabras que llueven,
en huellas casuales
e ideas primogénitas.

Pienso en la tectónica de pieles
al verme plegado
allí donde más asombro1,
donde llora el llanto o ríe la risa,
en rincones perplejos o terrores nocturnos,
en uñas, en yemas y en nudillos.

-Dios,
que el aire se espese-

Al fin acepto el desapego de mi corteza,
porque el tiempo conoce mi nombre
y mis huesos se han quitado la armadura.


_________________________________________

1 Sé testimonio inútil,
   verso mutilado, 

   de mi plegaria.





© Ramón Ataz2011

miércoles, 1 de junio de 2011

Dice


Dice, aventando su torso anaranjado,

que no distingue las tonadas de los pájaros

ni sabe extraer de los árboles los tintes.

Nunca ha castrado el muérdago a los robles

ni sabe otras artes más que las de sus padres.





© Ramón Ataz2011