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lunes, 22 de abril de 2013

Fábula casi auténtica del Conocido y el Sol


Un conocido, esta mañana, un conocido.

Un hombre/fundición. Más bien satélite,

aunque hay algo de planeta en el color

de la vergüenza, la guerra o los braseros; sus pies

parecen apropiarse de las alas del heraldo.
 

Mi conocido, hoy mismo, el conocido,

acopio de trabajos y leyendas- lo conozco hace tiempo, no lo niego-

radiándose en rumores me ha llevado hasta el ámbito que habitan sus susurros

y este buen conocido, esta mañana, confesó, qué apuro, por dios, me da contarlo,

que el Sol se le ha enredado entre las manos y, dios, qué gran prodigio,

se ha derretido ante él y siendo el hijo, la zarza, siendo el gemelo supérstite,

el héroe místico, lo ha suspendido del cielo,

constelación invisible a las miradas urbanas.

Yo he comprendido que los soles, los planetas, el mismo mar inflado por la luna,

nada son. No son nada. Yo tampoco.

Y triste, como solo un poeta es capaz de entristecerse,


me he retirado  hacia la oscuridad en la que guardo los folios,


los ojos y el bolígrafo.





(c) Ramón Ataz