Mostrando entradas con la etiqueta Poesía intimista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía intimista. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de abril de 2013

Al hilo de un poema de Cernuda



Y yo que me empeño en mantener

las manos tendidas al horror

y desvelo al niño antiguo

en la vejez inestable de un borracho,

y noto a su pulso intermitirse como si algo

en su diseño

le abstrajera de estar vivo,

 

y yo que detecto en el latido apenas quieto

de las olas durmientes, en agosto,

mi propio corazón, y ausculto el número

de las palpitaciones ya pulsadas y amanezco

y escucho el sueño de todos los que aún no han despertado,


no puedo confirmar que esta mañana

alguno de esos pájaros

combatientes de guerrillas reclutadas por el viento,

acechantes, hermosos, súbitos

en cada amanecer, haya llegado

a cantar cerca de mí, ni que un poema

haya intentado existir mientras dormías.






(c) Ramón Ataz

martes, 16 de abril de 2013

Viento aún



Lo que te diferencia, Viento, de otros vientos,

no es tu constante enojo,

ni el empuje impertinente, ni la osada ambigüedad

que provoca tu intrusión en mis mareas.


Corres, Viento, al modo de otros vientos, perforas

la solidez del aire, tus azotes

me convierten también, como otros vientos,

en un objeto párvulo, apenas perceptible,

un aroma prendido por azar a tu tornado.


Lo que te diferencia, Viento, de otros vientos,

es tu forma de contemplarme en este siglo;

porque en ella hay palidez y en él hay miedo y en ambos lejanía

hacia la estepa extendida,

últimamente, entre estos ojos cobardes

a medio abrir,

casi viéndote

pasar, callados, secos.





(c) Ramón Ataz

sábado, 6 de abril de 2013

Elegía




Aún está en mi boca

el sabor a vino rebajado y un ligero gusto a sal.

Mis ojos aún sopesan en tu ausencia

la ingravidez de tu cuerpo concluido.

El último tinte abandona tus cabellos y descubre

la hermosura de tus canas

blanqueciendo ciudades

en tu silente silueta. 



Qué noche interminable

se ha hecho dueña de mis sueños

si yo soy todavía y tú eres nunca

y sin embargo

aún resuenas, aún respiro,

aún esculpes

palabras en el mármol de mi voz

y las exhibes

ante la multitud de memorias sin puertas

que se abrieron para ti mientras viviste.





(c) Ramón Ataz

domingo, 24 de marzo de 2013

En tí, en mí.



Impenetrables, como la piel de las piedras,

son todos los que alguna vez quisieron

compartir conmigo sus ojos abiertos,

tentar mi mano, acercarse lo bastante,

abrirse como zanjas ante mí.



Y sin embargo, dubitativos,

cautos, se cercaron

con el vallado opaco de unas palabras sinceras

que, al igual que un salto de agua cuando repela las rocas

y su impulso precipita una cortina

sobre la cueva bostezada por la tierra,

echaban un telón sobre otras muchas

tan solo conocidas por su lengua.


 

Dices que reniego y me distraigo

de cuanto hermoso se cierne sobre el mundo,

que admiro a la muerte y al dolor,

que acato solo

el sufrimiento del fruto al ser podado

y arrojado a la fosa común de la cosecha.

 

Pero conoces mi risa,

sabes bien que el Sol alegra mi semblante

y que la noche

no logra oscurecerme por completo. 



Hoy he visto a un muchacho hacerse viento,

volar como ET en su bicicleta,

viajar hacia los faros de los coches como Icaro hacia el Sol,

y eso era hermoso. 



Pero tú ya lo sabes

porque mi piel es permeable a tu mirada

y hace tiempo

que eres en mí,

que soy en ti.




(c) Ramón Ataz

domingo, 10 de marzo de 2013

Debe bastar el cuerpo al alba acorazado




Debe bastar el cuerpo al alba acorazado,

el tejido finísimo pegado al esqueleto,

los frutos, perdidos para Tántalo,

cuyo destino fue mi lengua tensa.

 

A cualquier otro le haría reír la tontería,

perfume de bufones hospicianos,

las cabriolas del pan sobre la mesa

o la absurda jerigonza de los muebles.

 

Pero yo

ocupado en aquietarme,

miro y asiento.





(c) Ramón Ataz

lunes, 18 de febrero de 2013

tu hastío


Dí que de un alma triste no salen las palabras


sino de un alma amarga, de un paladar


que intenta negar el sabor de la tiza. 



No pides pero te doy lo que te pido 


hoy, que no puedo ensalzar el aire turbio 


ni sé cómo llorar, porque mi idioma 


viste y desviste a los hijos de tu hastío.





(c) Ramón Ataz

jueves, 31 de enero de 2013

Descripción minuciosa de lo que no puedo ver



No puedo ver las letras
en la ciudad sin plomos.
 
Era azul, recuerdo, el palacio al reflejarse
sobre mi vaso de agua.
 

A mi derecha, eso creo,
muy cerca de mi mano,
una niña con anclas en las piernas
observa alrededor (contempla el círculo
de imágenes trazado, pienso, en torno)
-si estoy en lo cierto aún sigue mirando,
pues tal capacidad poseen aquellos
cuyas pupilas son amadas por la luz- 


A aquella otra, en cambio, la supongo a varios metros,
protegida
de la oscuridad que me alcanza y se proyecta
por cuantos flexos se le ofrecen a brillar.
 

Y los papeles huelen a arrugado
las puertas a gin-tonic, mi asiento

a mí sentado.

Queda el sonido,
queda el silencio cuya envolvente lo arropa,
y varios, unos pocos, puntos mínimos
de sosegada penumbra
en la que parpadean los ojos de los lobos.

O ya no estás, acaso, o sí, da igual
si eres sombra entre sombras,
labios de mimo,
negrura abancalada
sobre una hilera de tejos.

 

Ellos se escuchan, ellos se huelen, ellos,
no me preguntes como,
ellos sí, sí pueden verse.





(c) Ramón Ataz

sábado, 12 de enero de 2013

Pude



Pude haber vivido allí donde la tierra

fuera el único emblema de los que la pisaran

y embellecer su aspecto al transcurrir de los años,

pero ocurre que no sé

si se trata de un lugar o de un momento,

no he sabido averiguar dónde buscarla

ni qué tipo de libros la describen.


Pude haber trazado palabras en las piedras

que, congeladas en nieve,

durmieran arrinconadas.








(c) Ramón Ataz