Mostrando entradas con la etiqueta Sobre el amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sobre el amor. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de abril de 2013

Viento aún



Lo que te diferencia, Viento, de otros vientos,

no es tu constante enojo,

ni el empuje impertinente, ni la osada ambigüedad

que provoca tu intrusión en mis mareas.


Corres, Viento, al modo de otros vientos, perforas

la solidez del aire, tus azotes

me convierten también, como otros vientos,

en un objeto párvulo, apenas perceptible,

un aroma prendido por azar a tu tornado.


Lo que te diferencia, Viento, de otros vientos,

es tu forma de contemplarme en este siglo;

porque en ella hay palidez y en él hay miedo y en ambos lejanía

hacia la estepa extendida,

últimamente, entre estos ojos cobardes

a medio abrir,

casi viéndote

pasar, callados, secos.





(c) Ramón Ataz

domingo, 24 de marzo de 2013

En tí, en mí.



Impenetrables, como la piel de las piedras,

son todos los que alguna vez quisieron

compartir conmigo sus ojos abiertos,

tentar mi mano, acercarse lo bastante,

abrirse como zanjas ante mí.



Y sin embargo, dubitativos,

cautos, se cercaron

con el vallado opaco de unas palabras sinceras

que, al igual que un salto de agua cuando repela las rocas

y su impulso precipita una cortina

sobre la cueva bostezada por la tierra,

echaban un telón sobre otras muchas

tan solo conocidas por su lengua.


 

Dices que reniego y me distraigo

de cuanto hermoso se cierne sobre el mundo,

que admiro a la muerte y al dolor,

que acato solo

el sufrimiento del fruto al ser podado

y arrojado a la fosa común de la cosecha.

 

Pero conoces mi risa,

sabes bien que el Sol alegra mi semblante

y que la noche

no logra oscurecerme por completo. 



Hoy he visto a un muchacho hacerse viento,

volar como ET en su bicicleta,

viajar hacia los faros de los coches como Icaro hacia el Sol,

y eso era hermoso. 



Pero tú ya lo sabes

porque mi piel es permeable a tu mirada

y hace tiempo

que eres en mí,

que soy en ti.




(c) Ramón Ataz

lunes, 18 de febrero de 2013

tu hastío


Dí que de un alma triste no salen las palabras


sino de un alma amarga, de un paladar


que intenta negar el sabor de la tiza. 



No pides pero te doy lo que te pido 


hoy, que no puedo ensalzar el aire turbio 


ni sé cómo llorar, porque mi idioma 


viste y desviste a los hijos de tu hastío.





(c) Ramón Ataz

jueves, 31 de enero de 2013

Descripción minuciosa de lo que no puedo ver



No puedo ver las letras
en la ciudad sin plomos.
 
Era azul, recuerdo, el palacio al reflejarse
sobre mi vaso de agua.
 

A mi derecha, eso creo,
muy cerca de mi mano,
una niña con anclas en las piernas
observa alrededor (contempla el círculo
de imágenes trazado, pienso, en torno)
-si estoy en lo cierto aún sigue mirando,
pues tal capacidad poseen aquellos
cuyas pupilas son amadas por la luz- 


A aquella otra, en cambio, la supongo a varios metros,
protegida
de la oscuridad que me alcanza y se proyecta
por cuantos flexos se le ofrecen a brillar.
 

Y los papeles huelen a arrugado
las puertas a gin-tonic, mi asiento

a mí sentado.

Queda el sonido,
queda el silencio cuya envolvente lo arropa,
y varios, unos pocos, puntos mínimos
de sosegada penumbra
en la que parpadean los ojos de los lobos.

O ya no estás, acaso, o sí, da igual
si eres sombra entre sombras,
labios de mimo,
negrura abancalada
sobre una hilera de tejos.

 

Ellos se escuchan, ellos se huelen, ellos,
no me preguntes como,
ellos sí, sí pueden verse.





(c) Ramón Ataz

miércoles, 2 de enero de 2013

Motivos del invierno



He dejado morir a la fábula del agua,

sin acabar el rosario y las novelas de otoño.

He dormido hasta muy tarde,

me he arrastrado hasta el balcón,

he leído y he reescrito

el asalto de tus labios a mi piel.


Estos son los motivos del invierno:

escobas viejas para adecentar los bosques

y un eclipse de mi cara con tu cara.





(c) Ramón Ataz

viernes, 28 de diciembre de 2012

Avanzas por tu edad


Avanzas por tu edad
del modo en que se mueven los bosques por la tierra,
saliéndose de sí y sujetando
un individuo nuevo, casi idéntico,
igual pero distinto,
mediante otras raíces a otra parte
cercana y diferente.

Lo observas todo y todo te contempla
tintada en el primer color del día.

Anchos
tus ojos rasgan
por vez primera el mundo, y el entorno,
como un bosquejo evita los matices.
Son oscuros
de nuevo, primerizos
hoy también, ojos inéditos, también hoy
son otros párpados
los que se abren y se cierran tantas veces
por el camino azul de la jornada.

La noche fue de una mujer más joven.

Quizá sus manos aún se resbalaban
por superficies suaves y al rozarse
contra una piel ajena, quizá fueron
legándole los años consumidos.

Hoy brotan de tus brazos,
las agitas, tecleas en el aire,
las enredas
en láminas de escarcha
y la luz,
sobre tu piel bisoña, tiende sendas
para acercarte al Sol.
 

Detente ahora:
si ya te reconoces mira en torno,
encontrarás un hombre de camino;
procede, igual que tú, de las tinieblas;
nació, del mismo modo, al despertarse
y morirá contigo
cuando termine el día,
como siempre. 





(c) Ramón Ataz



miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un instante detuve mi cabeza sonámbula




Un instante detuve mi cabeza sonámbula

por lograr que mis ojos retuvieran los tuyos,

sin saber si era amarte o insultarte,

si acoger en mi pecho tus insultos


o en mi boca tu boca eviscerada,

lo que al fin de mis versos convenía.
 


Se mantuvo mi piel sin desvestirse,

sin nublarse mi mente ni ofenderse.


En tu abstracción soslayabas el momento
 

en que mis versos padecían tu ignorancia.


Ni odiaste ni amé, ni odié ni amaste.





(c) Ramón Ataz