sábado, 28 de mayo de 2011

Una clase de equitación

 -

 
Finjo mirar (y en realidad respiro)
a los niños felices, a cuidadores niños sujetándolos,
a la yegua contenida, fatigada,
que a su vez finge trotar y en realidad digiere
hierba sin vida y una impropia actitud funcionarial.

A mis ojos los separan escalones como imágenes
de una visión, o más bien,
de un espectro de luz que disimula su forma.
Las ramas póstumas de un árbol moribundo
reciben la extremaunción
de entrecruzados vientos que trenzan hasta aquí murmuraciones,
voces de no se quién ni se de dónde,
pero voces, de eso no hay duda;
es posible que más abajo, en la ciudad,
los automóviles manifiesten su opinión
y algunos edificios se pronuncien
acerca de las cosas de los hombres.

Pero aquí, en esta vieja sierra semiurbana,
el suelo crece vertical, las aves duermen,
sonríen los profesores y los niños
al cabalgar en círculo sobre una yegua mansa,
viven la más audaz de las historias
que puedan algún día revivir.

Cuando les llegue el tiempo de la emoción fingida.






© Ramón Ataz2011

jueves, 26 de mayo de 2011

Sobre el Miedo

No procedo del hambre
sino del miedo común,
del que es anterior a su causa
y prescinde de monstruos.

Del que vuela a ras de claustro,
se adhiere a los sonidos que vagan extraviados
hasta enderezar su rumbo,
o se posa en patenas donde los hombres consagran
hostias de su carne propia.

A él le debe el alfabeto cada sobresalto,
la dentadura su inquieta desnudez,
la oscuridad la laxitud de sus cartílagos.

Lo regreso al mirarte si estás quieta
y la luz del exterior trepa a tus hombros,
o al deshacer el desfile de la noche
las frágiles escamas del silencio.

Yo soy la piel de sus dedos,
tú su navidad,
el destello que anuncia su gloria.











Ramón Ataz

sábado, 21 de mayo de 2011

Calipso

Es posible que al hablar del absurdo
te incorporaras otorgándole importancia.
Pero yo fui forjado por él,
bifronte, respetando los puntos cardinales,
tragando el aire sin indagar del viento su procedencia.

A aquello llamamos Amor
(como a tantas cosas).

Vencimos al gesto de tu frente,
a la estrechez de tus cabellos,
también al alimento que nos sostenía.

Dejé de crecer,
dejaron mis ojos de buscar,
mi memoria hizo suyos tus recuerdos.

A aquéllo no sé cómo llamarlo, Calipso,
a aquéllo no sé cómo llamarlo.





© Ramón Ataz2011

lunes, 16 de mayo de 2011

Mensaje apresurado para los pueblos oprimidos



Todo el mundo quiere ser Cary Grant.
Incluso yo quiero ser Cary Grant.
Cary Grant

Las parabólicas giran de costado
hasta atrapar en su cesto a mi silueta.

Soy feliz, algo adiposo,
guardo en mí ya tres cafés,
dos desayunos,
una novela impresa en un cristal
y por la tarde,
si el sol me lo sugiere iré de pesca.

Al fin y al cabo soy un figurante
que vaga por utópicos edenes; 

un hijo engendrado en una orgía
por la simiente lúcida de Marx,
de Adam Smith, de Cristo y de Aristóteles,
tras la jubilación de aquella Europa blanca
a la que Zeus legó toda la hierba.

Sería lo normal que me envidiaran
ya que mi llanto es pura proteína.
Si lloro por amor o por un verso,
si un trágico desorden metabólico
propaga la tristeza por mi sangre,
la alquimia la transforma en un poema
o un orfidal en sueño pasajero.

Pero luchad allí, tenéis mi apoyo
y mis medicamentos caducados.
Sed como yo, yo mismo
querría ser así.

Cuando despierte, acaso.



© Ramón Ataz2011

viernes, 13 de mayo de 2011

Un hombre, un hogar, un sueño


Casi un lamento exhala el altavoz;
un cable
versátil, extendido por la casa,
traza el camino;
es la vía láctea
de su universo (sin expandir, claro, es estático,
ya que al nacer de una inversión,
no de un proceso físico,
un huevo de serpiente
o la perversa vanidad de un dios soltero,
no espera albergar a todos, solo a este pobre
burgués recóndito, feliz y pálido, un mero espíritu
de los que ausentes del cuerpo beben cerveza
fría y comen en vaso).

Plástico y cobre, silicio, quién sabe qué
formas compuestas por la tierra guían a los sueños
hasta el umbral de las casas.

Hablo de un hombre abandonado al temor
y a melodías fragmentarias de una canción desvanecida,
hablo de un tipo
de soñador inconsciente, de un alma inmóvil.





© Ramón Ataz2011

miércoles, 11 de mayo de 2011

Introspección

Dentro de mí,
en pozos excavados debajo de la carne,
duermen palabras idénticas, desnudas,
embadurnadas en polvo y en harina.

Como moscas se arrojan a mi pecho permeable,
mitad de mármol mitad de tierra santa,
que por lo visto contiene alguna luz invocadora.

Y allí yacen sepultas,
casi quietas.


© Ramón Ataz2011

martes, 3 de mayo de 2011

El gen mutado



 




A mi hija Reyes



Mi mirada cervical estrecha el cielo.

En él constelaciones invisibles
se enmarcan entre líneas, forjados y cubiertas.
Ella se encarama a mis rodillas
se columpia y se deja caer a carcajadas
hacia una red tejida entre mis brazos.

Ella es expresión del gen suicida que la hizo,
del gen que renunciando a replicarse la inventó
única, océano feliz, materia blanca.

Me pregunto cuál fue la proteína que ensayó etimologías incorrectas
al hallar en sus torsiones de gimnasta el camino hacia un ser irrepetible.

Si algún día la voz te surge,
si tu sonrisa se torna palabra
y tu pensamiento se transmite en ondas por el aire,
diles que naciste a beneficio de inventario,
que el gen que en tí mutó era un poeta entre autómatas sin alma,
que el fin de lograr la obra ideal,
la anómala belleza,
la eternidad de unos labios sonrientes,
merecía hacer de tí el comienzo de una especie inviable,
el final de una especie perfecta.


© Ramón Ataz2011

miércoles, 27 de abril de 2011

Algunas veces, en la noche




A veces, 

cuando tirito al calor de las mantas 


y soy el hijo y el padre y el abrazo, 


me escondo en lo más negro del aire 


hasta el instante extremo de la noche. 



Después, 


como un estornudo de la aurora 


salgo expelido justo al centro de otro día, 


donde me espera ella, 


y allí escucho el eco de su risa nocturna 


demorada. 







© Ramón Ataz2011

Reajuste



Un último cigarro yace en alma en mi estómago. 



La luz que siempre en plenilunio me asiste 


no es distinta a la de antes.



Pero la forma de cada palabra, 


el espíritu de aquella música, 


la melodía de tambor de los años,


mi propia piel, mi cabello, 


el color de la madera de la mesa 


o la simple y canalla amargura 



viajan en otro viento. No están.





 


© Ramón Ataz2011

viernes, 15 de abril de 2011

Sobre la decepción y sus efectos

The Dream is over
(John Lennon, en "God")




Hace años ardieron las ramas de sauce
a las que con frecuencia el viento acariciaba.
Algunas promesas me eludieron,
el resto simplemente se extraviaron.
¿Y qué,
si cenizas o esperanza
podían revivir algunas veces
al pulsar sobre mis poros la música sus dedos?

Pero esta tarde,
tan rápido,
apenas cuatro sílabas,
he sentido extenderse sobre el pecho
un sudario de voz aguda y dulce.

Estremecido por la opresión de un turbante
enrollado al reverso de la piel de mi cabeza,
me he entregado al mecanismo místico del llanto,
de ese llorar inaudible que sucede
cuando el daño se te pierde por dentro
y rueda, como un ovillo, por tu red de pasajes,
de venas y escondrijos:
el dolor se vuelve sangre,
la sangre pesadumbre.

El sueño ha terminado
pero yo fui un resto fiel,
cofrade solitario,
propina inacabable,
pellejo de un tambor
golpeado hasta la amnesia.

El sueño ha terminado
pero tras el cristal la noche sigue siendo.



© Ramón Ataz2011

sábado, 19 de marzo de 2011

INTERMEDIO DE MI MISMO



Lo conseguido por una sola década
de crediticia diversión y noches largas
es que yo no sepa ya tomar partido.

Cuando el Muro de Berlín se retrotrajo
a aquellos años de belicosa unidad,
los fantasmas que tanto, tanto tiempo
traspasaran la opaca solidez
no supieron concluir su trashumancia.

Cuando el mundo consiguió por fin un solo,
un único poder sobre gobiernos,
- ultrasoberanía geoestratégica-
las famélicas naciones se escondieron
llevándose consigo sus fronteras.

La izquierda se aburrió, reconstruyó
los estados extintos y los pueblos,
amnésicos residuos del empacho,
aprendieron inglés y son felices.

Cuantas cavernas pude visitar
-vigiladas por platónicos del tecno-
exhibían purísimas ideas;
unas, como colgadas del techo, eran murciélagos
ignorantes de la senda solariega;
otras, como un cono de lluvia congelada,
eran axiomas hermosos y agresivos;
otras, en fin, surgían del suelo
como la alfombra que sueñan los fakires.

Pobres ideas de frío y humedad,
de dieta sanguínea y de ceguera.

Algunos saben...
 

yo envidio su mirar de frente,
su cuello corto, igual que un árbol
que en soledad no precisara
ir por sí mismo al encuentro de la luz.

Admiro su ideario y su panoplia,
su salvífica verdad, su mantra exacto,
envidio a aquel que ante su Dios se moja
de un cálido temor reverencial,
y guarda para sí y para su muerte
la pulcritud de unas piezas ordenadas.

Aunque está ahí, soy más que humilde
para ingresar en el edén del ideario.
Llegó el último minuto de la historia.
Más allá seré quizá un doncel yacente
con mirada de nuez y sonrisa quieta










sábado, 19 de febrero de 2011

RUMORES





* Vivir, Lesbia, y amar. Vamos a ello
los chismes de los viejos amargados
nos tienen que importar menos que nada.

(Carmen V de Catulo, trad. Juan Antonio González Iglesias)



Dirán que me escondo tras barrotes de plomo
a suscitar el color entre mis vértigos.

Andarán, correrán a silbar que tu melena
es rojiza, o que tu cuello,
estriado de aguantar mi aliento,
no merece llevar cadenas que lo resalten.

Mentirán, dejarán que el aire llene el olor 
que exhala el silencio.




© Ramón Ataz2011

viernes, 11 de febrero de 2011

DESIERTO



Sudo una imagen, a medias
cartón piedra, azul desvaído,
brillos aquí y allá,
desierto relumbroso.

En suma, la que sedienta
me tira de la cama
hacia la negra vigilia.

Si la voluntad precediera a la vida,
habría intención en los visajes
de bestia acorralada que envío a los espejos
después de que la noche coagule los minutos.

Pero no hay fines ni objetivos,
solo botones en las púas de los peines,
y unos pocos deseos que me arrojan como un venablo,
incapaz de doblar en las esquinas.





© Ramón Ataz2011

domingo, 6 de febrero de 2011

EL NOMBRE DE UN ARBOL



Un árbol, dice, toma su nombre de la madera
y de los pájaros que aprenden a escoger sus hojas
o trinan escandalosos entre sus ramas.

El hombre que duerme a su sombra
o masca sus hojas
o corta sus frutos con el hacha,
renace de la estirpe de aquel árbol.


Y al hombre que se arroja de su copa
o arde por el fuego de su leña,
o acoge en su hombro a un pájaro anidado
la madera le cede su nombre,
si baila imitando el paso de las aves.

En cambio la mujer talla esculturas
y aguarda su ocasión: el día
en que el brillo de la luna es tan intenso
que consume a la noche en menos horas.






© Ramón Ataz2011

martes, 1 de febrero de 2011

LIVERPOOL

A los cuatro.


En el rincón más oscuro de la sala
una balada de un grupo clásico,
apaciguado en este disco, comienza a teñir 

el polvo y a esparcirlo.

Flota alrededor de mis nervios insomnes
a una orden de esta negrura
fiel, fidelísima, hecha a mí,
enamorada de la estancia
o del color de las paredes internas de mi cabeza.
 

No voy a rehacer sus versos.
Se basta con ese otro idioma intraducible
especiado con el olor de los mercantes
tan grato a mí, ahora, tan agradable.

 




© Ramón Ataz2011

domingo, 30 de enero de 2011

REPROCHE




¡Qué expresión tan distante
has hallado esta tarde!

Yo aún muestro una sonrisa infantil
pero tu boca ya está cerrada,
tus dientes presos,
tu lengua ausente,
tu rostro entero está esculpido en lana.

En cambio yo, mírame bien, aún tengo
restos de piel ajena entre los dedos;
tu voz aún la respiran mis pulmones;
mi camisa aún rueda libre por el suelo.






© Ramón Ataz2011

viernes, 14 de enero de 2011

LIBRE

 .


Y dale repitiendo y repitiendo

lo que cada vez es menos un poema

Libre del idioma


libre de un ritmo más o menos sostenido


libre de metáforas


libre de la influencia de la Luna

No hay palabras


no hay lenguaje


no hay nada sino caballos bien despiertos


y los lobos que yerguen el espinazo


y adoptan esa figura de estatua sin parque






© Ramón Ataz2011

domingo, 9 de enero de 2011

METAMORFOSIS


Trémula,
la muerte allanadora
late en las bestias que me ocupan.

Nazco en sus brazos de trigo
y aguardo, acunándome el temblor,
dormido y santo,
a la metamorfosis de mi boca
en simple hueco.



© Ramón Ataz2011

jueves, 6 de enero de 2011

TODA LA SANGRE



Toda la sangre. Una.

 
Como hilos anudados, cables en tensión,
sin duda es uniforme que viste a nuestras filias,
flogisto verdadero,
roja patria, suma extensa
de amor incomprensible.

Hoy ha muerto un átomo de su caudal continuo.
Sentidlo en mí. Por mí.





© Ramón Ataz2011

UN TROCITO DE "AMANECER", DEL GENIAL MURNAU


El cine, es mi gran pasión. Probablemente por encima de la propia literatura. En esta ocasión me apetecía recordar la que considero una película formidable, tanto por la trascendencia que Murnau logra dar a una sencilla historia de amor y adulterio, como por la perfección que logra a la hora de narrar cinematográficamente esa historia.

miércoles, 5 de enero de 2011

HUMO






Fuiste pantalla y entonces
(yo fumaba)
tus dientes condenaron al humo
a yacer emparedado.







© Ramón Ataz2011

domingo, 2 de enero de 2011

A LAS PUERTAS (sobre la espera)

 .

 
A Harpo


No arranca el Sol los tonos a ese perro gris.
Solloza su piel pluvial.
Aguarda.
Tropieza en transparencias.  

A diario.
No hay rastro que le extraiga de la calle.

Y al tronar la risa de los hombres,
lleva en sus dientes el cielo
y el mar en sus ojos grasos.

La eternidad se esconde en su mirada

de virgen invisible. 

 



© Ramón Ataz2011

viernes, 31 de diciembre de 2010

A Elvira, antes de que apaguen las fuentes.

.
 

Mi señora, que parió a Adán sin dolor,
anda escabulléndose de estrella en estrella,
de cuadro en cuadro, de nombre en nombre.

A veces por debajo de la tierra, arrebatándome,
o bien dispersa en el viento haciéndome burla.

A menudo es un látigo o correa
que a golpes prueba el fin de mi paciencia.

Mi señora es madera y carne de muerto,
gesto hostil o indiferencia.

Aunque ahora se ríe, al menos me observa,
igual que el mar al pescador,
igual que el aire al vigía.





© Ramón Ataz2010

jueves, 30 de diciembre de 2010

SONIDOS



Luego de escuchar cómo trepa la lluvia por las fachadas,
ayudada por un viento de impulso quebradizo,
me he recostado, de noche, y he seguido escuchando:

ahora, voces agudas, afiladas, espinas,
voces de gatos, de hombres, de mujeres,
trenzando calle tras calle un nocturno.

Ahora es el sonido de la luz al acecharme
su urgente amanecer sobre mi cuarto
(salvo un rincón silencioso donde ella se divierte acurrucada).

Después es mi voz la que se escucha,
desfila por el aire, en procesión,
tras del pelo anudado al rincón silencioso.




© Ramón Ataz2010

APRENSIÓN



Vendrá no sé quién, 

anunciado por el humo de un cigarro,
a revivir mi aprensión, 

mi ardor de estómago.

No sé cómo vendrá, ni quién, 

en su trono cómodo sentado,
gasta un tiempo 

por no sé quién prestado en acecharme
y convertir mi cuarto en carcelero,
mi cama en celda, 

mi manta en catacumba.

Llegará el día en que yo sea del común;
 

el viento reclamará mi voz y el viento
se jactará de ser él mismo el que después
de atravesarme la garganta, abrió mi boca
e hizo audibles las palabras de Homero.




© Ramón Ataz2010

lunes, 27 de diciembre de 2010

UN POEMA DESALIÑADO




¿De qué he estado hablando tantos años?
De la vida incomprensible no,
ni del olvido.
He vivido lo suficiente para entender
de algo más que de certezas fugaces.

Yo fui testigo absorto de sus noches

No.
Estaba pasando revista a sílabas y acentos.

apóstol bautizado en su deshielo

El remordimiento es terco,
es la materia tenaz que me aglutina.
 

Yo copié fielmente su evangelio de gestos

Pero he perdido pelo,
mis ojos ya han emprendido la muerte,
y solo soy experto en verdades transitorias. 
y asumí profecías leídas en sus labios

Y qué importancia tiene
que la infancia me tenga secuestrado.


Tuve que abrir mi carne a los versos que en ella sucedían

Mis pensamientos salen todos los días.
Qué más da si cabalgan por el aire
o navegan en el fondo de las letras.

acoger en mi sangre su sangre consagrada,
,

Soy uno más.
Más dado a la perífrasis,
propenso a perderme en la metáfora.
Hombre - jeroglífico,
escondo un mensaje sencillo
tras una clave intrincada.

repetirla en el orden perfecto de su liturgia.

Pero te miro.
Cada hora de mi vida te observo o te recreo. 






© Ramón Ataz2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

AQUEL NIÑO


No era yo el cabello, 


ni el escozor
 
la inequívoca marca de mi infancia.
 
Huyó la negritud y por lo tanto
 
no fue en mí en quien el frío hundió sus uñas.

 
Que ahora el Sol 

emplee cualquiera de sus dedos
 
para trazarme,
 
que me desvele el exilio de la luz
 
o muestre antiguas sajaduras mi garganta,
 
son ilusiones, faxes del tiempo, serosidad
 
imitadora de la sangre.

 
No, no era yo
 
aquel niño sin aire, 

pintor de piedras,
 
protomártir estival, 

mesías de leche.






© Ramón Ataz2010

domingo, 12 de diciembre de 2010

DESTIERRO


He dejado allí en mi casa, junto al techo,

los abrazos repartidos por las noches
a las piedras.

He traído a destierro en el balcón
un espejismo rápido de dientes.

 


© Ramón Ataz2010

PALABRAS



Se pudo oír el suspiro inesperado,
inevitable, que llenó el aire de fuerza.

En esa estancia quedaron poemas 
dormidos en los pliegues de las sábanas
mudas, los libros quedaron yermos.
Fue mi metáfora.

Se pudo oír en tu casa. Escuchaste
el deglutir del viento, viste mi ahínco
por cerrar cada ventana y cada puerta.
Fue mi metáfora.

Palabras de leña,
palabras de azúcar,
palabras de cayena,
ya son tuyas. Yacen en ti.



© Ramón Ataz2010

miércoles, 24 de noviembre de 2010

TARDO EN CERRAR LOS OJOS



Tardo en cerrar los ojos, silencioso,
igual que el roce de un cigarro contra el aire.
Una tragedia escrita a lomos de un bostezo
desesperado del amor de un vientre esclavo.

Peinada la melena, recién lavadas las voces,
me entrego al verbo imbécil del noctámbulo,
-Es un modelo esculpido
de una imagen rediviva-

Me canso y miro, me miro, miro el rubio madrugar de un descalabro.




© Ramón Ataz2010

domingo, 21 de noviembre de 2010

AUTORETRATO DE UN AUTOATORMENTADO


Tan pronto como digo estar sereno

me reviento dando golpes contra el aire.


no son mis noches cobardes


aunque quiebren los reflejos de mi boca

y por pesadillas duerma y me despierte y te sonría.
 

Tan pronto como absuelvo a mis rodillas

del pecado de hincarse ante tu sangre,
 

te atosigan mis relinchos de montura.
 

Tan pronto como rezo y me arrepiento

vuelvo a arrancar cabinas y plegarias,

se revienta mi oración contra la lluvia

y resbalo, avanzo muerto por el suelo hasta tus manos.




© Ramón Ataz2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

SOY DUEÑO DE ESTE MUNDO

 .

Soy dueño de este mundo, me obedecen
un alfiler y un perro de aguas sucias;
me promulgo a mí mismo, soy la norma
que rige en los ámbitos del sueño.

Pobre me designo e infeliz
rey me proclamo, porque un cetro
de otro rey yace en las yemas de mis dedos.

Mi alma vive triste en el exilio
de un embrión deiforme y soy
de su deidad blasfemia reencarnada.

Y en mi reino de sillas tengo sed;
una humareda oscura
se expande tras la espalda de mis labios.






©Ramón Ataz2010

lunes, 15 de noviembre de 2010

MORIR



Morir, sí, como ascender derrotado;
implorar un día completo en la tibieza
de la ultramuerte renegada.
Sentir un cuchillo en el vientre
y una maza en el costado;
descender entonces a sus ojos
como un segundo desnudo.
Morir, morir en la cama o en el río,
seco o mojado.




© Ramón Ataz2010 (Juan Fionello)

sábado, 13 de noviembre de 2010

DOS CRUCES



¿Quién soy sino alguien que marca con dos cruces

su tierra y su pasado?

No es de extrañar entonces que me duplique,

recele y me revuelva,

ya que no puedo hallar tranquilidad

en mirar de continuo a los dos lados.


O acaso, si merecieran respeto los poetas,

pudiera encontrar placer en ello,

una excusa que sea causa en mis fracasos.


Mirad mi tierra: 


pasto de rostros, nubes en fuga.

Ved mi pasado: 


trigo adherido por el viento a sus membranas.


Amanecí tantas veces, di tanta luz,

me extendí como el musgo en tantas rocas,

que el ya y el suelo me hicieron mi siamés,

mi inseparable otro,

mi reverso.




© Ramón Ataz

viernes, 12 de noviembre de 2010

Dos poemas de Ory

A TI LA QUE ME INSPIRA OBEDEZCO Y DESEO


A ti la que me inspira obedezco y deseo

a tu invisible huir y tu errante venir

hacia la honda cuna del ritmo tú me llamas

trayéndome la concha de la profundidad.



Son sin fin son sin fin los diluvios caídos

corazones que a tiempo probaron su fragancia

aquí están todavía las palabras perdidas

y yo compongo un verso de saber y perdón.




EROS TREMENDUM


En la noche del sexo busco luz

y encuentro más y más oscuridad

mi cuerpo es sacro y sacrifica edad

sin tiempo sobre el tuyo cruz con cruz.



Subo y bajo y gravito mi testuz

cae sobre el muro de tu atroz ciudad

sin puertas donde al fin me da mitad

de entrada a la tiniebla un tragaluz.



Mantel mi espalda cubre los manjares

mis brazos y mis piernas son a pares

con los tuyos en forma de escorpión.



Las dos manzanas mi contacto deja

y duerme como un vaso en la bandeja

de tu vientre mi enorme corazón.










miércoles, 10 de noviembre de 2010

CARLOS EDMUNDO

Esta mañana, tomaba un poleo en la barra de la cafetería que a veces uso de despacho. Leía la prensa del día cuando me he quedado helado con una noticia insertada con dificultad en una columna a la izquierda de la página. Carlos Edmundo de Ory, el poeta maldito, ha muerto. Es difícil que la muerte de alguien a quien no conoces más que a través de su obra te afecte demasiado. Al fin y al cabo nos quedan sus poemas, te dices en esa frase hecha para este tipo de ocasiones.
Sin embargo mis emociones eran más parecidas a las que produce la muerte de un amigo que tuviste alguna vez y al que hace años perdiste la pista, o la de un familiar que solo llegaste a conocer por las crónicas de tus padres pero con el que te sentías unido por ese hecho biológico al que llamamos lazos de sangre. Mis labios se han quedado secos y contraídos, un estremecimiento me ha recorrido a velocidad eléctrica, y una montaña de evocaciones y recuerdos se ha precipitado sobre mi memoria. Conocí la poesía de Ory en primero de carrera. Había ido a vivir con mis independizados hermanos a principio de curso, y por entonces llevaba ya unos cuantos años escribiendo poesía, aunque mis lecturas eran muy limitadas. Conocía a Lorca con cierta profundidad, y había picoteado todo aquello con lo que me había tropezado en el bachillerato, llegando a devorar a Catulo, que se convirtió para siempre en objeto de una de mis agitadas devociones literarias, pero lo cierto es que escribía mucho más de lo que leía. Durante una tertulia nocturna con mi hermano mayor, le confié ese gran secreto, y como toda persona que escribe poesía, poco tuvo que animarme para que le enseñara alguna de las cosas que había escrito. Fue bastante crítico, eso lo recuerdo, pero sobre todo recuerdo que me prestó dos libros: Metanoia de Carlos Edmundo de Ory, y las Rubaiyatas de Horacio Martín de Felix Grande. En ambos libros encontré esa poesía intimista que yo mismo buscaba, esa poesía que puede ser tan existencial como epicúrea, tan estoica como frívola. Con el tiempo Felix Grande quedó más apartado, aunque ese libro me sigue pareciendo genial, pero Ory continuó conmigo. Leí sus diarios, su prosa, sus extravagancias, sus sonetos. Desde entonces hasta ahora he tenido dos ejemplares de Metanoia, y tan desgastado está el segundo que deberé comprar pronto el tercero. No soy crítico literario, ni siquiera soy buen lector de poesía, me dejo arrastrar por la música, por las sensaciones que el lenguaje y el ritmo me transmiten, y dejo en segundo plano el significado de los poemas, en el fondo es lo que menos me importa de ellos, los leo igual que escucho música, en un plano sensorial antes que intelectual. Nunca he dejado de releer a Ory. Será un poeta maldito, o lo que quieran llamarle los que reparten los laureles según no sé bien qué criterios, será cierto que no le han otorgado el suficiente reconocmiento, y es probablemente verdad que ha estado al margen de todas las escuelas de las que ha sido contemporáneo, pero sigo envidiando su atrevimiento, su profundidad, su humor, su erotismo y su extraordinaria musicalidad. Tiene una obra demasiado abundante, escribía todo lo que se le ocurría y lo publicaba todo, de modo que hay muchos poemas mediocres en su extensa obra, pero cuando alcanzaba el cielo, Dios abdicaba en él. Nos queda su poesía, o a lo mejor ni eso.