
lunes, 31 de octubre de 2011
El otro
El Otro me rebasa tres cuartos de cabeza;
para sus pupilas, izadas como nubes,
soy invisible; para él
alcanzo a ser lo sumo una intuición,
un movimiento que ni le repercute,
el zumbido ligero de una presencia imprecisa
o un aleteo nervioso,
acaso un estertor.
No me interpongo entre sus ojos y la luz
ni recorto la línea púrpura que forma su horizonte.
Estoy cerca del Otro, soy un aroma,
un tacto intangible, un gas del aire,
el cilio de una célula prendido a una cuchilla.
Al respirar inspira sobre mí,
me despeina el rozamiento del oxígeno contra el cuero cabelludo;
luego, después de que su sangre satisfecha
difunda a sus alveolos impertinentes toxinas,
desechos polizones,
me asumo y lo respiro y solo entonces
me vuelvo parte suya
entre sonrisas.
© Ramón Ataz2011
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Este debe ser el poema. Lo he intuido y me ha movido un poco a sonrisa el final. Es cierto que no siempre somos importantes para otros, y que otros no son importantes para nosotros. Pero sin la posibilidad de compartir, aunque sea las miasmas, el empobrecimiento personal está servido.
ResponderEliminarMe ha gustado, por el tono y por esa conclusión. Ahora el jeje en tu comentario.
Un abrazo, Ramón.
Gracias, Perfecto. en efecto este era el poema que te comenté, y tu lectura es certera, como de costumbre. Gracias de nuevo por tu fidelidad lectora y tu amabilidad.
ResponderEliminarUn abrazo.