lunes, 20 de febrero de 2012

Disgresión en forma de poema

.

Antes de que nadie me defina 

confieso ser un hombre.


Ni contención de una presa


ni púgil de agua 


-aunque incontables arroyos me traspasen


y tantos golpes a punto de nacerme


estén temblando- 



Solo una minúscula 


fracción de lo que soy puedo ofrecer 


a las corrientes. La mayor parte de mí


yace en el cieno. 



Es cierto que puedo bifurcarme 


- ¿quién, para eludir el dolor, no se desdobla?- 


pero al cabo cada yo terminará 


por diluirse, como sal en el océano, 


en un cuerpo envejecido, 


único y mortal.





© Ramón Ataz

miércoles, 15 de febrero de 2012

Me apena (un soneto)

* A Elvira

 
Me apena que camines por la calle
colgada por el hombro a una vejiga
que guarda entre sus túneles de hormiga
de tu vida hasta el último detalle.

Que sea esa cartera la que entalle
la falda a tu cintura, la que siga
llenando de ansiedades su barriga,
me apena y más me apena que te estalle

la mitad de la vida en esas pieles
cosidas a tu piel, en ese infame
y odioso maletín que te encadena.
 
¡Que ardan en el fuego esos papeles
haciendo que el tedioso afán reclame
al fuego la extinción de tu condena!




© Ramón Ataz

jueves, 9 de febrero de 2012

En blanco (de sentencias, gotas y vasos rebosados)



 
Olvidar lo que he aprendido,
ser como un niño otra vez y sorprenderme
quedar en blanco, volver a inaugurarme.

No admitir de nuevo la enseñanza

de vuestra escuela de siervos secular.
No, no vengáis
a sembrar en mis surcos ni a regarlos,
no me miréis siquiera, no toquéis
el sillón desde el que quiero contemplaros.

Veré monstruos, desde luego, es lo que sois.
renunciaré al olfato si apestáis,
me guardaré las manos en el cuerpo
cuando descubra a mi pesar que sois tangibles.
 

Ahora puedo defenderme de vosotros
ya que nadie me ha enseñado a ser paciente,
nadie tumbó mi libertad, no me hice dócil,
ni se asfixió mi torso en vuestros brazos.

En esta ocasión no seré vuestro,

quedaré en blanco,
la primera huella impresa en la nevada
será mía,
seré ese bruto instintivo al que teméis,
cerrad las puertas, 
porque yo sí sabré lo que buscáis,
cerrad las puertas.



© Ramón Ataz

domingo, 5 de febrero de 2012

Amenaza

.


Ha salido de una fuente entre pantanos negros,

ardiendo al chocar contra la hierba.


No advierto de su llegada por no implicar a mi sueño.


Te quiero convencer con tal paisaje


de que hay parejas de cielos en tu busca.




© Ramón Ataz

jueves, 2 de febrero de 2012

Comprensión





Me explicarás de una vez por qué tiemblo, por qué


mis ojos se pierden, por qué


el calor deja de ser una constante.


Ajarás entonces mi poesía. 







© Ramón Ataz

lunes, 30 de enero de 2012

Esta mañana Reyes ha temblado

 .


Esta mañana Reyes ha temblado
Sus brazos y piernas
sus pies y sus manos
han sufrido el don de las sangres enfermas

Los muñecos incrustados entre los ladrillos
aves sedentarias de alas inservibles
un patio de escuela inmóvil y arcano
tensaron sus cuellos
a fin de observarla

Frente a ellos Reyes pensaba en relojes
y quiso temblar o quizá no quiso
pero fue de sogas
glaciares y péndulos
ídolo de pálpitos
tundra derritíendose

Entonces sus labios buscaron la sed
sus dientes mordieron
sus ojos miraron
todos los cristales se hicieron de día

Las puertas me dicen que están convencidas
de que hubo esa noche más noche que nunca




.

sábado, 28 de enero de 2012

Ovidio me hacía reír


Ovidio me hacía reír.

Mi piel agradecía el calor blando
de un pacífico sol recién despierto.

Era líder de un jardín deshabitado,
populoso en sonidos y en olores.

Sin otro artefacto que un cerebro adormecido,
ni más compañía
que un reguero de imágenes corriendo por mis vértebras,
he sabido, justo entonces,
que nada ni nadie podría perturbarme.

He interrumpido un parpadeo, uno más, otro entre tantos,
para abstraerme de la luz
y permitir a mi sangre fluir a carcajadas. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Fantasmas



Desde dentro las nubes quedan altas,
los frutos del invierno inaccesibles,
el juego de la descripción del aire,
desde dentro,

es propio de tiranos imponerlo.

A vueltas con el humo 

mis ojos distraen, de la pared,
una imagen de anteriores habitantes.

Creo en los fantasmas.


Después de una noche en vela

sé que dentro de esta casa hay secuelas
produciendo luces blancas en el patio

El aire está claro el mes de enero

pero no siento el consuelo
de la luz, ni del color

azul-verano
de este invierno.

domingo, 22 de enero de 2012

Poema del hombre Manso o Tántalo redimido

.

Viviré en el interior de mi saliva,
donde los besos cambian su estricta trayectoria
y el mordisco de lobo que debió hacernos libres 

se corrige a sí mismo, se abandona y se muere.
 

        Yo lo veré
       -parece silbar esta pared de oro-
        sabe de tu silencio mi rostro absorbente,
        del mediodía perpetuo
        de tantos, de tantos
        cuyo sueño aplaca al estómago inútil,
        mientras tú te nutres como las palomas
        comiendo en los parques despojos del hombre.

Viviré en la levedad de mi saliva, 
pírrico sabor, lago de hastío,
me retendré en existencias barbitúricas
puestos en pie de paz mis pies obesos.

        Calma, calma, calma…
        no eres más que una tilde sin letra,
        Tántalo, mira:
        las ramas junto a ti se quedan quietas
        come otra vez,
        bebe otra vez,
        son tuyas.

jueves, 19 de enero de 2012

La balada del niño fósil



Padre, cuando esté muerto,


quiero quedar oculto por las piedras.



Que no me moje el agua


ni me erosione el aire, 


que permanezcan juntos

mis huesos ensamblados.


Cuando los años pasen


quiero ser descubierto

al fondo de una sima 


a la que el sol penetre.

 

Que mi sonrisa absurda

de alegre calavera


sorprenda a un cazador


(o si es posible a un niño


que corra tras su perro)



Que manos temblorosas


me vayan extrayendo


con plumas , rociadores


y blandas herramientas,


hasta que al fin resurja 


sin rasgos, sin especie, 

sin huellas dactilares.


Tan solo un armazón

desnudo y abatido.


Entonces, padre, quiero

que cuantifiquen pronto


mi edad cifrada en siglos,


que luego me acicalen,


me pongan entre vidrios 


y un día, algún muchacho


como yo, pero entero,


me mire fijamente


al hueco de los ojos


y atrape en su memoria


mis fósiles recuerdos.

domingo, 15 de enero de 2012

Análisis superficial del dolor que me aflige

Hablo del dolor;
mi pecho,
-acuñado en él
en aquellas noches
de amantes, de bocas, de luz y de sangre
rápida, cutánea,
pues la piel se abría

igual que una rambla en aquellos tiempos
de amor y simiente-
acumula úlceras;
y mi espalda enferma
sostiene en su carne
los mármoles grises de todos los muertos.





© Ramón Ataz

jueves, 12 de enero de 2012

Lo más difícil

Lo más difícil
–no te engañes, discurso encanecido,
solo te respetan por tus sienes leprosas,
flor sin estambres, viejo discurso,
viaja en los ecos que flotan vacíos-
 


lo más difícil, decía:
unirse al mar, buscar allí
corrientes negras, mimetizarse, 

permanecer.

Yo camino sobre el hielo
inclinándome de forma inevitable hacia los lados.
De mí penden dos cuerpos siameses;
más cerca del suelo un oscuro animal
me mira igual que a un padre
mira el hambre en los sueños de los hijos.

Y mi pelo continúa siendo negro.
Y mis huesos cada día son más blancos.

A ti, a tus desconocidas horas,
a los quiénes y a los dóndes que aún te quedan,
otra vez viva, mientras te observo en la distancia
de aquella línea estática a la que llegamos juntos,
entrego la debilidad de mis sonidos,
las ondas que vagan por mi sangre
como sirenas al fin de una jornada.

Lo más difícil,
afirma mi discurso al consolarme,
salir del mar,

llevarse su color,
dejarlo solo.





© Ramón Ataz

Manes

Si finados y enterrados los manes no han de sufrir de hambre,
recostados han de beber el vino que les escancien,
han de acudir al fuego como insectos, resultará ridículo
que eche en cara a los demonios su quietud.

¿Qué hay de las promesas que aligeraban el peso de la tierra?
¿A dónde arrastraron los milenios sus fantasmas?

     Antes de hallar en el Tártaro a los muertos
     tendré que saber sembrar sobre la arena.

     Antes de entrar en su cómodo refugio
    deberé llenar de dioses mi despensa.

     Antes de volver al mundo de los vivos
     habré de hallar el camino entre la hierba.





© Ramón Ataz

domingo, 8 de enero de 2012

Transición

Ya destensado el arco de su cuerpo,
inmersa en sueño de agua, amurallada,
escurriéndose al fondo de su piel,

vestida con la secuela tibia
de la electricidad que ya se ha disipado,

me estremezco otra vez, mientras mis ojos
siguen su lenta transición de blanco a letra.




© Ramón Ataz

jueves, 5 de enero de 2012

Siento, Viento

A Elvira

Siento, Viento, que mis ojos sorben el brillo
de las plañideras grises de oficina,
y mis manos la aspereza rígida
de caimanes de estos meses funerales.

Siento dientes que se esparcen como el fuego
al morder el mármol blanco de los túmulos.

El hombre gordo que teclea en la otra sala
vino hace poco a pedir pordios que lo acunase
en mis rodillas bendecidas por tus besos.

Sudo muertos del verano,
calcinados, que hacen gracias, piruetas,
deseando contagiarse mi reposo.

Y una imagen respirable, como el viento
que resucita mis labios, alegre,
expectante nueve días, 
derramada de tus brazos,
me consuela, Viento dulce, me consuela.



© Ramón Ataz

martes, 3 de enero de 2012

Statu quo

Donde el compás clava su aguja
una turba de ideas sueña su próximo big bang.

Es como el jaspe la voz del tumulto.
Algunas frases libres vetean la armonía
del sonido único, la ocurrencia sola, el deseo uniforme.

Asociados en su estrechez por cerraduras,  
los hombres aman el calor de la cera derretida,
porque es atroz el frío al otro lado
de la cálida densidad que los contiene.

Donde el compás clava su aguja
el dolor pasa en veloces panorámicas
todas las noches,
inalcanzable,
como un satélite impulsado por la inercia
de un universo ciego,
de un dios sin ojos.




© Ramón Ataz

lunes, 2 de enero de 2012

Primer enigma

No tan borroso:
mi mirada es capaz de definirlo.
No tan pequeño:
a un gato le harían falta dos bocados.
No tan difuso:
sus líneas se destacan del entorno.
No tan lejano:
mi aliento agitaría su plumaje.

Algo absorto, algo huidizo, algo huraño.
Cualquier día resbalará sobre la lluvia
pero hoy, todavía, su altura lo protege.





© Ramón Ataz2012

viernes, 30 de diciembre de 2011

Síntomas

*Un verso más, Dios mío, y otro día... (Carlos Edmundo de Ory) 

*Si un momento te miro no me viene la voz,
Se me quiebra la lengua y enseguida
corre bajo mi piel un sutil fuego.(……)
y siento que ya me falta poco para morir del todo. (Safo de Mitilene)





Mis versos son mortajas de diseño,
deslumbrantes envoltorios de cadáveres
que un día, dios mío, y otro día,
va tejiendo mi cerebro incontrolado.

¿Estaré vivo porque subo un peldaño en cada verso?

En todo caso lo estoy porque soy yo
el que a la suma de instantes llama vida.

Tú eres diferente,
tu escudo es un gesto desdeñoso
que me penetra atravesándome los párpados,
y me presento ante ti
rebozado con los versos de mis síntomas:

      Sudor en la frente, angustia,
      el estómago agriamente trastornado,
      los huesos tensos, la saliva amarga.

      Al tropezar las palabras con mi lengua
     se deshacen en átomos de voz,
     un temblor contrae mis venas y algo helado
     le impide a la sangre recorrerme.

    Me ciega una noche constante
    como si antes de morir hubiera muerto.


En esas ocasiones, aturdido,
no comprendo por qué en lugar de hablar
te conformas con producir en mí este síndrome.

Por qué no te desquitas olvidándome
en vez de disfrazarte de espejismo,
por qué me haces creer que es tu rostro el que miro
para al final dispararme tu antifaz de gorgona.

Pero siempre, en legítima defensa
o quizá para forzar una ucronía,
excreto un nuevo verso y te pregunto
el porqué de ese asedio hacia mis vísceras
si las ofensas nacen de mi mente.






© Ramón Ataz

martes, 27 de diciembre de 2011

Elogio del cieno (diatriba contra la mezquindad)

 * A todos los pequeños burgueses, por ser capaces de vivir nuestras ridículas vidas 
con un  orgullo verdaderamente inexplicable.


Pues todo está en la risa,
nos conviene
mirar también al cieno;
dejarse temblar en sus vapores,
sobrevivir en su fragua alimentándolo.

A aquellos que colgáis de vuestros pies
en la sólida muralla de la noche,
ornatos del terror, propongo un pacto:

¡Amad!

yo seré las manos que recojan
vuestros latidos últimos.

Me conocéis por mi llanto,
escucháis los sonidos del invierno
en mí. Tristes caminos, tristes
a mi paso, blanqueándose
conforme mis zapatos los allanan.

Hombres atados, silbáis
porque el silencio es inhóspito,
pero a lo lejos, allá,
donde el placer se interpone a vuestra imagen,
sois un sonido feliz,
un viento cálido preñado de semillas.

¿Qué saben de vuestras piernas estiradas?
¿Qué del horror que acuna vuestro sueño?

Vuestros párpados moldean
el único horizonte permitido.
Párpados libres, ojos siervos,
¿por qué llorar?
no habéis nacido
y por lo tanto la muerte no os persigue.

¿Por qué pensar?

Solo sois cuerpos de arena,
el volcado en carne de un fantasma.
Sois solo risa,
el cieno todavía no os concierne,

así que os pido:

ya que podéis nacer,
naced.
ya que podéis amar,
amad.






© Ramón Ataz

domingo, 25 de diciembre de 2011

Lo que arrastra el agua

Lo que arrastra el agua, desde el tiempo
en el que te creías bautizada y redimida,
se filtra hoy al sótano en el que suelo esconder mis culpas.

Ahora deberías talar ese sonido permanente,
que impide al Sol esculpir nuestros cuerpos en las losas,
y comerte las raíces para hacer imposible que renazca.

Vuelves a bailar y a desatar los vientos
- como si creyeras que nadie puede verte-

Tu danza pide a mi brazo que te detenga.

No puede ser.

El pobre pide envejecer a gritos, deshacerse
en la tierra, nutrir al suelo,
derretir el barniz del ataúd, luego agrietarlo,
reencarnarse al fin en la piedra que lo aplasta.

Y riéndote me pides que me calle,
mientras tu baile parece invocar
a una de esas diosas que a menudo te dictan los sueños.
 




© Ramón Ataz